Caminamos errantes sin consciencia hacia el rumbo más agradable. Acariciando los latidos de nuestro corazón, respiramos, nos movemos pero seguimos siendo nada más que materia, algo que existe, algo que perdura. Elegimos este rumbo por la penetrante persuasión de sentimientos vanos he impenetrables.
Apreté mis manos en puño, tense la mandíbula y pensé;
«Mierda y mil veces mierda»
En ese pequeño instante toda mi seguridad se dreno al carajo, ¿qué hacían ellos aquí?, ¿Por qué habían vuelto?, no en