Descubrí que él era fuerte. Descubrí que guardaba mil cristales rotos detrás de su sonrisa. Pero también entendí que aclamaba gotas de reconocimiento a la nube que se colocaba sobre él. Entendí que brillaba tan fuerte como la energía del sol, brillo que cada capa de falsedad cubría. Rostros falsos para proteger un polluelo noble, barreras, puertas hechas de concreto con las finas lágrimas, lágrimas efímeras, pertenecientes a las noches más grávidas, ásperas y e insufribles.
Anhelaba abrir capa