—Me gustan las personas reales. Las personas que dejan a lucidez el color de su alma. Y puedo decir que…me encanta el color de la tuya— Respondió de una forma tan diferente. Tan peculiar. Por un mínimo maldito instante, me perdí en esos ojos, en esa mirada tan peligrosa que Sartori podía llegar a tener. Y sin embargo ahora, solo era un espejismo.
El tiempo se pasó casi tan rápido como un ferrocarril, al salir del agua me colocó de vuelta en la silla de ruedas. Observamos a los demás subirse a t