Alessandro De Andes.
La miré removerse sobre la cama. Por fin estaba despierta. Hoy era mi último día aquí en Alemania. Y lo iba a disfrutar inmensamente, la idea de dejarla, me estaba ocasionando un hueco ardiente en el corazón, como si la sensación de separarme de ella, me estuviese asfixiando.
Abrió sus hermoso ojos, los restregó con sus dedos para después enfocar la vista en mí.
—¿Qué haces?— Habló con la voz un poco enróquesesida. Intentó estirarse, allí se dió cuenta que se encontraba