No podía dormir, mi vista estaba fija en el techo pensando una y otra vez en las cosas que pude haber hecho bien, y es qué a veces, lo que más duele no es fallarle a los demás si no, fallarte a ti mismo. Eran exactamente las cuatro de la mañana, dentro de dos horas debía levantarme y prepárame para ir al colegio, reí falsamente al pensar en ello.
Me sentía cansada, no había parte de mi cuerpo que no quisiera descansar, pero no podía permitírmelo. Los exámenes estaban a la vuelta de la esquina,