Mundo ficciónIniciar sesiónGabriela Moreno llevaba dos horas mirando el techo de su habitación cuando aceptó que no iba a dormir. La carta del Grupo Vidal descansaba sobre su mesita de noche, doblada con precisión, como si el orden exterior pudiera controlar el caos que había desatado en su mente. No era solo el posible cambio de contrato. Era ese nombre. Vidal. Resonaba en algún lugar profundo que no reconocía, como una nota musical que conoces sin saber de dónde.
<






