Luego de cenar algo liviano, los dos se van al cuarto, en donde Anna se deja caer en la cama rendida, abraza una almohada y tiene toda la intención de dormirse, pero Egan tira de ella con suavidad.
—Vamos a la ducha, muñequita, debes quitarte la tierra de encima porque luego no podrás dormir bien.
—Pero tengo sueño, me duelen los pies, no tengo fuerzas ni para bañarme —le dice con un puchero y escondiendo la cara en la almohada.
—¿Y para qué crees que te sirve el novio ahora? —la levanta sin