Mundo ficciónIniciar sesiónCon mucha delicadeza Egan la lleva a la ducha, donde deja correr el agua y espera a que se temple, se queda mirando a Anna, quien parece aún perdida y no la culpa, lo que acaba de pasar es horrible.
—Vamos, muñequita, tienes que quitarte la ropa que te queda —le dice con una dulzura que incluso a él lo estremece y ella asiente.
Egan fija la mirada en sus ojos, rojos por el llanto, con un dolor indescriptible, cuando Anna está lista se qued







