Ella quiso mencionar que Allison había robado su teléfono, pero Nigel ya estaba demasiado molesto para escuchar.
—Voy a volver a casa a buscar ropa para Sherrie —dijo.
Cuando regresó a la mansión Rogers, las luces estaban encendidas, pero Allison no aparecía por ninguna parte.
Sherrie estaba gravemente enferma, y aun así Allison podía dormir tranquilamente.
Nigel fue a llamar a la puerta de Allison. Llamó durante un minuto entero antes de que finalmente se abriera desde dentro.
Allison estaba allí, con una camiseta grande y el cabello aún húmedo, claramente recién salida de la ducha.
Al verla de cerca, Nigel por fin notó que algo no estaba bien.
El rostro de Allison estaba anormalmente pálido, y se veía más delgada que antes. La camiseta grande le colgaba suelta, haciéndola parecer frágil, como si una ráfaga de viento pudiera llevársela.
Entonces algo lo golpeó de repente.
Había un leve olor a descomposición a su alrededor.
Una chica de veinte años debería estar llena de vitalidad. Su