Al devolverles la mirada, Allison tomó lentamente su libreta, se puso de pie y caminó hasta la cama con una expresión dócil.
—Señora, ¿siente alguna molestia?
Los ojos de la señora Berry se entrecerraron mientras examinaba a Allison de arriba abajo. Allison pudo percibir vagamente la hostilidad silenciosa con la que la anciana la estaba juzgando.
Tal como esperaba, la señora Berry frunció el ceño.
—¿Te conozco?
—No, señora. Pero usted conoció a mi padre, Nelson. Él la trató hace cinco años.
La