El rostro de Jareth estaba marcado por la preocupación.
—¿Y ahora qué? —preguntó.
Allison sacó una pequeña libreta y escribió con calma:
—Está exhausta. Solo está durmiendo.
Era anciana, había sufrido convulsiones durante mucho tiempo y había agotado todas sus fuerzas.
Dormir era lo único que su cuerpo podía hacer ahora.
Allison arrancó una hoja de la libreta y se la entregó a una criada.
—Por favor, vaya a la farmacia y compre estos medicamentos.
Una criada salió a comprar las medicinas, mient