Los ojos enrojecidos de Nigel estaban llenos de desesperación mientras apretaba con fuerza el brazo de Jareth. Usó toda su fuerza, pero no pudo moverlo ni un solo centímetro.
Jareth ya no era el inválido al que podían derribar de un solo empujón. Ahora era lo bastante fuerte para proteger a Allison.
Cuando Nigel vio la sangre extendiéndose sobre la manta de Sherrie, finalmente se derrumbó. Cayó de rodillas y suplicó, —Jareth, si quieres culpar a alguien, cúlpame a mí. No la lastimes. Fui yo qui