Apoyando una mano en el borde de la piscina, Jareth se negó a rendirse. —El problema no es el agua. Son las personas. Inténtalo conmigo. Tal vez después de hoy ya no la odies tanto.
Le tendió la mano. —Vamos. Yo te sostengo.
Allison no se dejó convencer. —Dijiste que no tenía que meterme al agua.
Jareth arqueó una ceja. —¿Eso dije?
Claro que lo había dicho. Pero él era de los que nunca cumplían su palabra. Los dos se quedaron mirándose en silencio. Él ni siquiera parpadeó. Era evidente que no p