Al amanecer, alguien llamó a la puerta de Allison.
Nigel estaba de pie en el umbral. Tenía una mano en el bolsillo y el ceño profundamente fruncido mientras escuchaba sus movimientos lentos en el interior.
Cuando Allison abrió la puerta, la observó con atención. Parecía estar mejor que en los últimos días.
Al recordar sus heridas, suavizó el tono.
—Prepárate. Vamos al hospital para un chequeo completo.
Allison respondió:
—Olvídalo. No tengo identificación. No puedo registrarme.
—Es nuestro prop