—¿Y entonces? —Le habló Fernanda para sacarla de su nube en la que se encontraba.
—Entonces ¿Qué?
—¿Buscamos a tu abuelo?
—Quizá después, ahora debo asimilar esto y ahogar las ganas de matar a Prudencia.
Fernanda la miró compasiva, su amiga se había enterado de cosas que sin duda le removían sus memorias y entendía que pudiera estar sensible.
—Tranquila, ahora tú sabes la verdad y no podrá jamás hacerte daño a ti de esa manera.
Volvieron a casa y Helena permaneció en silencio durante el camino,