El recuerdo llegó de la misma forma en que siempre llegaban los recuerdos de aquella noche: sin invitación y con una intensidad demasiado vívida para algo que había pasado seis semanas convenciéndose de que no importaba.
Había sido un jueves.
Recordaba ese detalle con la precisión de una mujer cuyas semanas habían sido tan idénticas durante tanto tiempo que cualquier desviación se registraba como un cambio en el clima.
Pablo la había llamado aquella tarde. Su voz llevaba esa particular falta de