La oportunidad llegó al amanecer, y provino de una fuente inesperada.
Renard llamó directamente a la propiedad, no a la oficina de Priya ni a la línea de seguridad de Alessandro, sino al número principal de la finca, a las seis de la mañana, con la urgencia específica de un hombre que había pasado la noche haciendo sus propias indagaciones silenciosas a través de décadas de memoria institucional.
—Puede que tenga algo —dijo cuando Alessandro respondió—. Karina Marchetti, la prima de Elara, pose