Pablo llegó a casa a las siete y media. Ella lo escuchó desde el dormitorio, donde había estado sentada durante una hora. Escuchó su llave y su abrigo en el gancho. Escuchó sus pasos en la cocina, la pausa particular que significaba que había encontrado la cena que ella había dejado tapada en la encimera y la había notado sin calentarla, y luego los pasos acercándose hacia el dormitorio.
Apareció en el umbral y la miró.
Ella le miró a él.
Ninguno de los dos dijo nada durante un momento. Así era