Estaba lista a las siete. El vestido era burdeos. Lo había comprado ella misma, tres semanas atrás, en una tienda en la que había entrado mientras Danilo esperaba con el coche. No había pensado en él como un vestido para eventos. Había pensado: este es el color de una sala en la que quiero estar. Lo había comprado sobre esa base y no había analizadola más a fondo.
Estaba en el vestíbulo de entrada cuando lo oyó en las escaleras.
Él bajó y se detuvo en el último escalón.
La miró.
Ella lo observó