Capítulo Ciento Veintitrés

La cámara del Consejo, convocada por la noche en lugar de a su hora habitual de la mañana, tenía una calidad de luz distinta: las antorchas a lo largo de las paredes proyectaban sombras más cálidas e irregulares que el pálido sol invernal que la sala solía admitir, y Katlya pensó, al tomar asiento junto a Atlas, que la propia cámara parecía comprender que aquella no era una sesión ordinaria.

Bayan estaba sentada en el centro de la mesa de ancianos, flanqueada por Badmus y Vashti, y junto a ella
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