CRUELLA
Queen Sheila finalmente me había empujado más allá del punto de la misericordia.
Los guardias cargaron contra mí desde todas las direcciones, sus armas encantadas, sus rostros retorcidos entre el miedo y el deber. Levanté la mano, la palma hacia afuera, y el tiempo titubeó.
El aire se espesó. Sus movimientos se ralentizaron como si el propio mundo dudara en tocarme sin permiso. Avancé a través del caos congelado, mis pies descalzos dejando escarcha abrasada sobre el suelo—una contradicc