CRUELLA
Kyle se apartó de repente, con una sonrisa satisfecha en su rostro increíblemente atractivo, y pude sentir cómo se me calentaban las mejillas, mi cuerpo aún vibrando por la sensación ardiente que había despertado. La breve distancia me dio un momento para respirar, pero aún podía sentir ese hormigueo enloquecedor entre mis piernas.
—Ahora puedes respirar —dijo Kyle, y, como bajo un hechizo, exhalé el aire que ni siquiera me había dado cuenta de que estaba conteniendo.
—¿Qué fue todo eso?