Apenas reveló su secreto, Clara se arrepintió de haberlo hecho, especialmente al ver cómo el rostro de su jefe y ahora amante se volvía pálido y su mirada oscura y llena de deseo desaparecía.
Quiso llorar, lo había arruinado todo, pero creía que era mejor arruinarlo en ese momento y no cuando el joven se diera cuenta que era pésima en la cama porque no tenía idea de cómo complacerlo como esas mujeres que entraban a su cuarto por las noches.
Clara tomó su remera que estaba arrugada a un costado