La expresión de Xander se ensombreció mucho más.
—A ver, Liam —dijo el nombre del chico con una calma que no iba para nada con la energía que emanaba de su ser—. Tienes cinco minutos para desaparecer de mi propiedad. Te agradezco el gesto, pero no me gustan los extraños. Espero puedas entender.
Liam frunció el ceño.
—Ah, sí, claro —respondió con clara consternación. No esperaba tal recibimiento.
En ese instante, Elena y Liam se giraron; ella, naturalmente, pensaba acompañarlo hasta la salida. S