Mundo ficciónIniciar sesiónAARÓN
El viaje en el deportivo hacia la mansión familiar estuvo cargado de un silencio tenso. Amelia iba sentada a mi lado, tocándose la panza con movimientos nerviosos sobre su vestido ligero, con la mirada perdida en los cristales empapados por la neblina de Londres. Intenté calmarle el pulso tomándole la mano libre por encima de la transmisión, pero sus dedos estaban helados. La maldita llamada de mi abuelo Mateo nos había dejado con







