GEORGE
Tener la grabación de la enfermera metida en mi celular me daba una ventaja en el tablero de la familia. Salí del departamento de las afueras con una sonrisa de oreja a oreja y manejé directo hacia la mansión Kane. Sabía perfectamente que mi abuelo Mateo no era un hombre de andar creyendo en chismes de pasillo cotidianos; al viejo zorro se le entra con evidencias físicas, con papeles firmados o con la voz de los propios involucrados, y yo traía la trampa perfecta armada en mi saco.
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