AMELIA
Aarón estaba por jalar la manija para salir a buscar al doctor de guardia, cuando la puerta se abrió de golpe desde el exterior, interrumpiendo su movimiento en seco.
Nos quedamos congelados por un segundo, mirando la figura que acababa de cruzar el umbral sin pedir permiso. Era Chad, tenía el cabello completamente despeinado, la camisa desfajada por un costado y las ojeras tan marcadas que le hundían los ojos en el rostro. Se veía completamente derrotado, demacrado por el cansancio de l