Mundo ficciónIniciar sesiónAARÓN
Me pasé las manos por la cara, sintiendo cómo el sudor frío se me pegaba a la frente mientras caminaba como león enjaulado de un extremo a otro de la sala de espera. Las luces blancas del techo me lastimaban los ojos, pero no podía quedarme sentado en esas bancas. El reloj de la pared avanzaba con una lentitud espantosa y cada minuto que pasaba sin que esa maldita puerta doble se abriera me estaba destrozando los nervios. Pensar en Amelia







