162. El auto
Al día siguiente, con precaución y cautela Ha-na caminaba de vuelta, luego de hacer las compras. Sin embargo, no halló a Edward por ningún lado. Mas, se sentía observada y seguida por un carro.
Al llegar a su casa, miró por la ventana el auto negro. Frunció el ceño. Tenía la certeza de que lo había visto en la noche anterior.
El reloj marcaba las once de la noche cuando Ha-na se levantó de la cama. Su corazón latía con fuerza, y sus pensamientos estaban tan desordenados como las sábanas que hab