140. Los cruzados
El sol comenzaba a asomarse en el horizonte, bañando el lujoso penthouse con una luz cálida y suave. En la habitación principal, Ha-na se movía con la serenidad característica de sus mañanas, arreglando los pequeños detalles del espacio mientras Heinz se preparaba frente al espejo. Habían establecido un equilibrio cómodo en su rutina, una especie de danza silenciosa que hablaba de una conexión más profunda de lo que ambos estaban dispuestos a reconocer.
Ha-na se acercó para darle el beso diario