Mundo de ficçãoIniciar sessãoLinda rodeó con un brazo a Mariana y tomó la pata de Baby con el otro.
—Yo también te extrañé.
Mariana, feliz, la llevó al jardín. La mirada de Linda se desvió hacia un gran árbol de granadas cercano, sus ramas dobladas por el peso de los frutos maduros.
—¡Linda, ven! ¡Come! —dijo Mariana, señalando emocionada.
Milan sonrió.
—La señora quería que tuvieras la primera selección. Nadie ha tocado ninguna desde entonces.
El corazón de Linda se calentó. El amor puro de Mariana estaba intacto, libre de engaños, solo afecto sincero. En su inocencia, no conocía m







