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Cuando llegaron al hotel, el mostrador de recepción les dio la mala noticia.
Todo estaba completo.

Eso significaba que Sebastián necesitaba otro lugar donde quedarse.

Los hombros de Linda se hundieron al instante. Aún quedaban horas antes de dormir… horas que había esperado pasar con él. Y ahora tendría que marcharse.

Sebastián lo notó de inmediato.

En lugar de regresar al vestíbulo, tiró suavemente de ella hacia su habitación.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Linda, confundida—. ¿No deberías buscar otro hotel?

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