Daisy se movía con facilidad entre la multitud, intercambiando saludos hasta que por fin se escabulló hacia un rincón tranquilo junto a la piscina. Acababa de sentarse cuando una voz familiar la detuvo.
—Daisy.
Ella se giró y sonrió.
—¿Darren? No me digas… ¿volviste a ir con Night Viper? Si algo tienes, es lealtad.
Él soltó una risa baja mientras se acomodaba la chaqueta oscura y entallada que completaba su atuendo. El disfraz era sobrio pero llamativo: negro de pies a cabeza, líneas limpias, una confianza natural.
—No estoy obsesionado como tú —dijo con ligereza.
De cerca, su rostro llamaba la atención sin proponérselo. Guapo de una forma refinada, casi delicada; ojos brillantes enmarcados por pestañas largas, piel clara que hacía resaltar su sonrisa. Se parecía a su hermano mayor, Sebastian, pero era más suave, más cercano, más fácil de tratar.
Cuando Darren sonreía, resultaba desarmante.
—Entonces —dijo Daisy, cruzándose de brazos—, ¿ya encontraste a tu Scarlett Shadow?
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