Eryx DeCostello
New York
Ava había estado muy misteriosa toda la semana y no solo ella, Ary, Philip, mis suegros y también mis padres. No cabía duda, que algo estaban tramando, pero no pregunté, pues de todos modos, nadie iba a decirme nada. Así pasé toda la semana, sin saber nada, hasta que llegó el sábado y desde muy temprano en la mañana, Charlie, se apareció en nuestra recámara con una enorme bolsa de regalo.
–Felicidades, papi – Mi princesa me abrazó con mucho afecto y fue la primera en fe