Eryx DeCostello
New York
Al terminar la consulta de Ava, con la ginecóloga, me sentía demasiado emocionado, tanto que, al ir rumbo a casa en limusina, pensaba demasiadas cosas. No quería que Ava y yo, reveláramos el sexo a nadie, no quería que mi madre, no se emocionara igual que nosotros, porque íbamos a tener una niña y no un niño como quería. Así, que, por mi parte, lo mejor iba a ser, guardar el secreto del sexo de nuestro bebé, sólo para nosotros dos.
–Estás muy pensativo, mi dios griego –