Ava DeCostello
New York
Estaba devastada anímicamente, con tan sólo ver el dolor de mi cachorro. Philip, no se soltaba de mi abrazo y se aferraba a mí, cómo si fuera un niño pequeño, que necesitara de protección. Eso me hacía recordar, cuando de pequeño, se refugiaba en los brazos de mamá, para que le diera consuelo y protección y ahora, a falta de ella, estaba yo.
–Philip, tienes que sobreponerte, cachorro – le dije a mi hermano – Ary, se va a recuperar, ya lo verás.
Yo tenía toda la fe puest