Eryx DeCostello
New York
Ava gemía en mi boca y eso me desesperaba y me incitaba a seguir haciendo lo que estaba haciendo. Seguimos moviéndonos y perdiéndonos al compás de ese beso que significaba todo para los dos y después, ella me desabrochó el cinturón y el pantalón. Me puse de pie, para despojarme de todo menos de la ropa interior, para equilibrar el marcador, Ava se comenzó a reír y me hizo sentir apenado.
–Ava ¿De qué te ríes, amor? Sólo me he separado de ti para quitarme la ropa que me