Sofía, desconcertada, fue al baño a lavarse la cara y, al darse la vuelta, se topó de frente con unos suaves ojos almendrados que la observaban.
Alejandro notó un rastro de espuma de agua jabonosa en la comisura de los labios de Sofía. Una chispa de ternura cruzó por su mirada mientras se acercaba a ella con calma.
Sofía lo miró sin entender, sintiendo cómo un ligero rubor le subía por las orejas.
—¿Qué pasa?
Él no respondió. Simplemente levantó la mano y, con delicadeza, le limpió la espuma del