Sin hacer caso a la expresión de Alejandro, Sofía se dio la vuelta en la cama para darle la espalda.
Cerró los ojos con fuerza, tratando de apaciguar el fastidio que sentía por dentro.
Pero no pudo evitar agudizar el oído, atenta a cualquier ruido detrás de ella.
—Clic—
Se apagó la luz principal, pero quedó encendida la luz tenue y cálida de la lámpara de pared.
Entonces, el colchón a su lado se hundió.
Antes de acostarse, Alejandro, la arropó bien con cuidado. Supuso que Sofía estaría molesta,