CAPÍTULO TREINTA Y NUEVE
Don Pablo
Aquella escena en la que ese desgraciado apretaba el cuello de Camila me provocó un odio mortal, y lo único que deseaba era acribillarlo a balazos hasta las orejas, pero con Camila allí, prácticamente delante de él, era casi imposible, así que apunté directamente al brazo para que la soltara, pero el desgraciado lo vio y, en el movimiento, sacó el arma y logró acertar dos disparos, aunque mi tiro también le dio.
Menos mal que al menos le di en el brazo