Sarah
—¿De cuántas personas hablamos? —Dyana apareció con una libreta en una mano y una taza de café en la otra.
—¿Café? —preguntó Ryan, que venía detrás de Dyana sosteniendo la jarra de café y una bandeja con tres tazas.
—Pueden usar aquella mesa —anunció Devon. Ryan colocó la bandeja con cuidado mientras Dyana se sentaba y comenzaba a escribir.
—Unas doscientas —respondió Cristhian a la pregunta de Dyana. Yo no podía, no podía decir nada. Mi mente estaba en blanco, mi cuerpo paralizado. Mient