Jelena despertó después del mediodía abrazada a una almohada, tenía hambre y el olor a comida hizo rugir su estómago. Se incorporó con lentitud, tenía el cuerpo pesado, pero al mismo tiempo satisfecho. Los orgasmos que había experimentado en su vida siempre provenían de su propia mano, o de algún juguete. Los que Mikhail le proporcionó fueron más intensos, más reales, no tuvo que forzar su mente a imaginarlo porque él estaba allí, llenándola con su pasión, podía sentir su olor y su posesión, la