Xavier lleva a Cathleen en brazos, como si fuera una novia, mientras entra a una de sus lujosas propiedades en Miami. Sus pasos resuenan por los amplios pasillos, cada paso evocando recuerdos lejanos y sentimientos que había enterrado durante mucho tiempo. La casa siempre estaba llena de trabajadores, pero Xavier rara vez la visitaba, pues la opulencia y la grandeza solo le recordaban al hombre que solía ser. Al llegar a su dormitorio, se detiene ante otra puerta, oculta en la lujosa habitación