44: La pesadilla.
Dos meses, casi tres, eso me había costado para volver a desear a Darwin. Eso me había tardado en buscarlo, porque al menos cuando nunca tuvo palabras para decirme en dónde estaba esa noche cuando minutos antes yo lo había dejado allí, no quiso tocarme, verme o hablarme demasiado durante el tiempo en que siquiera me paraba de la cama para ir al baño o comer.
Ronetta me había cuidado una semana entera, la primera semana de todo de hecho. Siempre estaré agradecida por no haber cuestionado nada, p