43: Vacía, sola, y abandonada.
Ámbar.
—No lo puedo creer. —Ian se lleva las manos a la nuca, luciendo bastante alterado—. Esto no está bien, Ámbar, por todos los cielos.
No soy capaz de verlo porque su histeria, es la misma que tuvo Darwin cuando con lágrimas le conté lo que había pasado aquella noche y al final… al final no le importó hacerme pasar por ese dolor otra vez.
En tres meses no se supera nada de lo que me pasó; quizás aún estoy en estado de shock, o quizás la única manera de sacarlo es ser completamente sumisa, m