135: Por la borda.
Darwin.
—Voy a acabar con la causa andante de que ya no me ames.
—¿Darwin qué...?
—¡Ya lo sé! —grito, y me derrumbo en lágrimas, con el corazón palpitando con una fuerza que me asusta—. ¡Todo este tiempo ha sido él! ¡¿Verdad que sí?! —grito, cerca de su rostro—. ¡Lo he olido! ¡Lo he sentido anoche! ¡Te he visto! ¡He visto su mirada y sé que esconden algo, Ámbar! ¡Sé que me engañas con ese maldito hombre!
—No, no, Darwin... —Lloriquea acercándose a mí, y me sorprende cuando no puedo alejarla, cu