121: En donde lo empezamos.
Melly.
La tarde se hizo mucho más eterna que la de anteayer, con la diferencia de que ese día estaba solo esperando la hora para correr a casa para mi salida con Ian, y hoy solo quiero correr a casa para lanzarme a la cama y dormir hasta que la alarma suene de nuevo anunciando un nuevo día.
—Buenas noches, dígame ¿en qué puedo ayudarle? —Será la última llamada por el día de hoy y me centro en sonar calmada—. ¿Aló?
—Nunca, por lo más estúpido que te parezca, me vuelvas a hacer algo como esto Mel