Mundo ficciónIniciar sesiónMis manos no habían dejado de apretar con fuerza los dedos de mi esposa en todo ese rato. Observaba fijamente a la doctora de ojos azules que tenía ante nosotros, quien se preparaba para examinar el estado de Emelia. En el momento en que la mano de la doctora se movió para apartar ligeramente la ropa de Emelia y dejar al descubierto su abdomen, me giré al instante hacia atrás, mirando al Papá Lucas y al Pap&aa







