Mundo ficciónIniciar sesión—¡Gabriel...!
El grito, cargado de anhelo, quebró en un instante el silencio del vestíbulo de la mansión. En cuanto Emelia me vio cruzar la puerta, echó a correr sin importarle el dolor que aún pudiera persistir en su vientre. Sus ojos hinchados se clavaron de inmediato en el pequeño cuerpo que yo llevaba firmemente acunado en el hueco de mi brazo izquierdo.
Con movimientos tan cuidadosos que parecía sostener la joya m







