—Gracias a los dos por venir con tan poco aviso.
El abogado era mayor de lo que Ethan esperaba, canoso, preciso de esa forma en que la gente lo es cuando ha manejado los asuntos de la misma familia durante décadas y con el tiempo se ha vuelto silenciosamente protectora de ellos. Su oficina olía a papel viejo y aceite de muebles, fotografías enmarcadas de una mujer que Bianca no reconocía alineadas en una pared.
—Es ella —preguntó Bianca en voz baja, señalando hacia las fotografías—. Margaret.